BIENAVENTURADOS (Domingo, 29 de enero)

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Mateo 5, 1-12

En Nueva York hay rascacielos. En Nueva Andalucía, donde ahora vivo, surgen de secretas fuentes las palmeras y brillan, como nieve encendida, palomas en los balcones de las casas; a la noche, un ir y venir de estrellas desatan la luz sobre los árboles más viejos… Cuando me asomo, veo a los niños salir a ratos de sus juguetes y sueño con que han de ser promesas doradas que se cumplirán algún día como de trigos sembrados.

¿Qué será de unos y de otros?

Nada es más cierto hoy que este “bienaventurados los pobres porque de ellos ES el Reino de los Cielos”. Aciertan los que, sobre la alfombra del tiempo, han elegido los flecos y decidieron por su cuenta ser pobres, no a la fuerza, sino por saber con Jesucristo que en la pobreza está escondido el paraíso.

Es ahora, en presente, para ellos el Reino de los Cielos… vista de lince que no le permitió dejar la felicidad para más tarde. A los otros, a los demás, nos ha brillado por momentos el oro entre los dedos, mas, sin apenas saberlo, hemos gastado ese oro en sacarle brillo a los instantes y se nos ha quedado oscura la eternidad, como sombras debajo de un puente por donde no pasa nadie, apenas un hilo de agua cuando llueve.

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